
El pasado sábado acudimos a Bellas Artes a una exposición -no muy de mi agrado- de un tal Manuel Felguérez. Su estilo me resultó molesto y triste; colores muy oscuros, manchas, formas...
Lo peculiar de esta aventura fue que llevé el
acordeón para que Ale hiciera una serie de tomas fotográficas de mi persona tocando el susodicho instrumento que tanta sensación causa en diversos estratos sociales.
Los pros: todo salió bien, salieron algunas fotos padres -les dejo una muestra-, la gente curiosa me escuchó sin realmente dejarme ni un "quinto", pude sorprender a la familia materna de Ale con algunas cancioncillas, los primos y un cuñado de Ale me ayudaron y le quitaron unos adornos (dorados) ridículos al acordeón...ahora se ve muyyy bonito y old fashioned.
Los contras: mi musculatura no daba para cargar el artefacto tanto tiempo, por lo que ahora mi brazo izquierdo sólo pide ser amputado. El derecho probablemente se ha fortalecido, pero lo que no te mata...te hace más fuerte, y más músico en Bellas Artes.